Cada vez que cae un chaparrón de agua o hay una fuerte brisa en la zona norte del estado Anzoátegui, la familia Bellorín tiene que rezar el Padre Nuestro y el Ave María pa’ que su choza no se venga abajo.

Ellos viven en la parte alta del barrio Universitario, en Barcelona, específicamente en la calle Carabobo, y su ranchito de láminas de cinc se encuentra en la orilla de un barranco, donde en cualquier momento se puede producir un deslizamiento.

El señor Pedro Bellorín, cabecilla del grupo familiar, manifestó que gran parte de su morada se ha caído por culpa de los fuertes agüacero.  “No puedo dormir tranquilo cuando llueve. Me preocupa que en cualquier momento caigamos al precipicio. Ya varias casas se han caído, y a otras se le han derrumbado las paredes porque el agua y las piedras del cerro caen encima de los ranchos”, comentó.

No obstante, la situación puede ser aún peor, debido a que los chamitos de la zona se la pasan jugando en los alrededores de los ranchos. En este sentido, don Pedro tiene que estar pendiente de los cinco menorcitos  que viven con él para que no jueguen cerca del barranco, y evitar la tragedia de hace un año, cuando una de sus hijas se cayó por las inclinadas escaleras y cuatro meses después perdió la vida.

*pérdidas
A pesar del temor que padece el señor Pedro por los deslizamientos, también ha tenido que lidiar con las pérdidas de sus enseres por culpa de la lluvia. De esta manera, el vecino dijo que en su casa se han dañado la nevera y la cocina. Otro de los residentes afectado es doña Eleida Rángel. La vecina expresó que la situación en la que viven no es nada agradable, por el miedo a que un día puedan amanecer sin nada.  Los lugareños le hicieron un llamado a los chivos del estado a acercarse al lugar y evaluar su problema.