Carolina era una joven que estaba acostumbrada a viajar en autobús desde Puerto La Cruz hacia cualquier ciudad del país a la que necesitara ir.

Sin embargo, en una oportunidad notó que el bus era algo diferente. Era de esos buses viejos, con aspectos un poco temerosos, pero era el único que saldría hacia Caracas esa noche.

La caraja maldijo el transporte, porque le parecía súper incómodo y supuso que allí no podría pegar ni un ojo durante el viaje. Casi siempre le tocaba ir con algunos panitas, pero en esta ocasión estaba sola. Al subirse al autobús notó que venían unos pasajeros sentados muy juntos, en uno de los puestos cercanos a la puerta trasera iban tres personas en un asiento para dos.

Sin embargo, cuando el camastrón arrancó no le paró mucho, e intentó acomodarse para echar un sueñito. Pero algo le molestaba, estaba inquieta, como si tuviera un peso muy grande encima. Pues era la mujer que venía frente a ella. La fulana estaba sentaba entre dos tipos, viéndola fijamente.

*DE TERROR
Carolina no le dio mucha importancia a los tipos, pero si a la mujer, ya que le intrigaba su aspecto. La veía con detenimiento, la señora tenía los ojos bien abiertos y no pestañeaba. Parecía que había llorado burda porque tenía el maquillaje corrido y unas tenues lagrimas que se asomaban por sus ojos. Mientras intentaba desviar la mirada, Carola pilló que la mujer no le perdía el contacto visual y eso la empezó a asustar. Sacó su celular y allí fue cuando los carajos que acompañaban a la mujer la empezaron a mirar como queriendo adivinar que era lo que hacía.

*LA SALVARON
De pronto, el autobús se detuvo para recoger a un pasajero, cerca de Puerto Píritu. Era un chamo de aspecto humilde, que llevaba un bolso y una gorra que le cubría la frente. El carajo se dio cuenta que la tipa no dejaba de mirar a Carolina y que los hombres estaban atentos a lo que esta hacía.

Sin embargo, de repente el muchacho se paró y jaló a la chama en un rápido movimiento pa’ bajarla del bús. La joven histérica y presa del miedo le reclamó.  Él le dijo que no gritara, que no quería asustarla ni hacerle daño; que más bien acababa de salvarle la vida. Ella seguía furiosa y casi a punto de correr. Pero fue ahí que el tipo le aclaró que la mujer que venía con los dos hombres, estaba realmente muerta, y podía habérsela llevado con ella.

Rivero