Un convive residente en la región rusa de Omsk, en Siberia, Rusia, se disponía a plantar patatas en su jardín cuando encontró varios huesos que estaban enterrados, entre ellos, el cráneo de un ser humano. El tipo, aterrorizado, corrió a contárselo a su pechuga, de 60 años.

Pero para su sorpresa, ella ya lo sabía le confesó que eran los restos de su primer machuque, al que ella había matado durante una pelea en 1997. “No te preocupes, es mi primer marido”, le dijo la mujer.

El llavecita destapó así un asesinato cometido hace más de dos décadas, según han informado este las autoridades rusas. Primero encontró varios huesos y después, un cráneo. Luego de confesar el crimen, la mujer le pidió que volviera a enterrar el esqueleto y que no le sapeara nada a los pacos.

Pero él, que estaba asusta’o, no le paró bolas y le informó a las autoridades. Durante un interrogatorio, la caraja relató a los agentes que había matado a su ex pechugo, que en 1997 tenía 52 años, con un hacha, después de que este llegara borracho a casa y la golpeara en repetidas ocasiones.

Al darse cuenta de que, tras haber recibido el golpe con el hacha, su mari’o no daba señales de vida, decidió despedazar el cadáver, quemarlo y esconderlo en el huerto. Después, fingió que su marido se había ido un día a trabajar y nunca había regresado. La víctima no tenía más familia y su desaparición nunca fue denunciada. Los pacos han abierto una causa penal por asesinato.