Una dama de 51 años que vivía en Mánchester, Inglaterra recordó su oscuro pasado cuando vio una extraña caja llena de memorias que no quería recordar.

Las fotos eran de pornografía de menores de edad, entre ellas se encontraban de la mujer. Las imágenes las había tomado su propio padre quien sistemáticamente abusaba de ella y otras niñas.

Las memorias de décadas de abuso y de violación constante simplemente hizo que Bárbara Coombes agarrara una pala y asesinara fríamente, sin remordimiento a su padre. Incluso, para rematarlo, le cortó el cuello con un cuchillo para observar cómo se desangraba.

Inmediatamente recogió el cadáver de su padre, compró casi una tonelada de tierra para enterrarlo en su jardín. Sus familiares le creyeron ya que era un abuelo veterano de guerra. Además, ideó una “serie de elaboradas mentiras” como que había muerto por infarto y que el hospital mandó la cremación.

Durante 12 años continuó viviendo en la misma casa y ocultando el secreto; sin embargo, decidió hablar de su secreto. Fue detenida y condenada a 9 años de prisión por homicidio, exactamente no de asesinato, pero de “responsabilidad disminuida”.