El Barcelona se lacreó en el Clásico al Real Madrid, al que goleó por 5-1, lo que puede significar la sentencia de Julen Lopetegui como mandamás de un cuadro blanco que, pese a momentos puntuales en los que estuvo cerca del empate, volvió a ser un combete vulnerable.

Lejos de que el Clásico pudiera servir para resurgir después de cuatro partidos seguidos sin ganar en LaLiga Santander, supuso el agravamiento de la crisis blanca, a la par de la confirmación de un cuadro azulgrana que está sabiendo echarle pierna sin Messi, que festejó la victoria de sus compañeros desde la grada.

La imagen del Real Madrid volvió a ser, en el cómputo general del partido, más que preocupante. Tan solo dio síntomas positivos en el inicio del segundo período, cuando acortó distancias con un gol del brasileño Marcelo e incluso tuvo opciones de igualar, pero en la mejor el remate del croata Luka Modric se estrelló en el palo.

El resto del Clásico fue del Barcelona, que aprovechó las facilidades madridistas en una penosa primera parte para encarrilar el choque con tantos del brasileño Philippe Coutinho y de Luis Suárez, de penalti decretado tras consultar el árbitro asistente de video (VAR).