La trayectoria de Isco en el Madrid es como la de una herida que nunca termina de sanar. A épocas mejora considerablemente, incluso llega a tener buen aspecto, pero antes o después termina abriéndose de nuevo y destapando una infección oculta. La última fisura, que empezó a transmitir malos síntomas desde el cambio de mandamás, se terminó de formar el martes en Roma, con Isco en la grada. El malagueño ha pasado de estandarte del proyecto con Lopetegui a candidato pa’l banquillo de Solari.

El final de Lopetegui en el Madrid llegó en el clásico del Camp Nou, y con él el protagonismo de un Isco que, de forma más rotunda de la esperada, ha perdido su estatus dentro del Madrid. El malagueño no ha vuelto a ser titular desde el partido ante el Barça, 34 minutos ante el Valladolid, 17 en Pilsen y 28 en Eibar (con 3-0 en el marcador) es su bagaje desde que se fue Lopetegui a finales de octubre.

Solari se ha empoderado a costa de un Isco al que las informaciones en torno al club ya colocan lejos de los más entusiastas en los entrenamientos. El mensaje de Roma es nítido: la respuesta de Isco a su nueva condición dentro del equipo no es del agrado del argentino. “Son decisiones puntuales para momentos puntuales”, justificó el entrenador del Madrid, que no negó ninguna de las acusaciones que se vierten sobre el malagueño.